Ajuntament de Todolella

Libro de la Danza Guerrera de Todolella
Después de mucho tiempo de trabajo y de tràmites varios, por fin sale a la venta el libro de La Dansa Guerrera de Todolella, "La Danza de Todolella. Memoria , historia y usos políticos de la danza de espadas". Edición liderada por el musicólogo, amigo de Todolella, Ramón Pelinsky, y como el dice con la colaboración de Vicent Sorribes los danzantes y vecinos de Todolella.

Se puede adquirir en el Ayuntamiento de Todolella o en las librerias de Morella. Introduccion al libro; por el autor: Ramón Pelinsky: (Extracto del libro La Danza de Todolella. Memoria, historia y usos políticos de la danza de espadas. Ramón Pelinski y colaboradores todolellanos. Valencia: IVM, 2011, 515 pp.). (ISBN: 978-84-482-5654-8)

1. Entrada

Escondido entre las sierras del Maestrazgo castellonense se encuentra Todolella, de cuyo nombre quizás sólo sus habitantes se acordarían si no fuera por su castillo y, sobre todo, por su Danza.

Aunque los todolellanos lleven el evento bien inscrito en su memoria, vale la pena recordarlo. Cada año, en torno a la fiesta de S. Bartolomé (24 de agosto), a las seis en punto de la tarde, ocho danzantes acompañados por, al menos, dos músicos (dolçainer y tabaleter) se reúnen en el Ayuntamiento para ponerse el atuendo reservado a la ejecución de la Danza. El toque de la Pujà i baixà de la vila señala el comienzo de la procesión. La encabezan músicos y danzantes seguidos por el alcalde, los concejales, un grupo selecto de hombres de la comunidad que visten con sobrepellices blancas y portan cirios encendidos, y detrás de ellos el resto de la comunidad. Todos se dirigen hacia la iglesia. Una vez retirada la estatua de la iglesia, se forma el cortejo: los danzantes y sus músicos van delante del Santo; detrás de él marchan las autoridades civiles y religiosas seguidas por la comunidad. El dolçainer abre la marcha con el toc de processó. No obstante, el cortejo, en vez de dirigirse directamente a la Plaza Mayor, recorre —y con ello simbólicamente santifica— las callejuelas principales del pueblo. Llegados a la Plaza Mayor, las andas con la estatua del Santo se depositan algo desplazadas hacia la derecha con respecto al dau (o planet) — un cuadrado reservado para los danzantes. Al frente de ellos se ubican los músicos. Las autoridades se sitúan a la izquierda del grupo de la danza, bajo el cobertizo del Ayuntamiento, mientras la comunidad y algunos forasteros van formando un círculo amplio en torno a los danzantes. Estos han ido ocupando entretanto sus puestos en el dau y están listos para dar comienzo a la Danza. En la actualidad la representación comporta doce ballets, de los cuales el último— El Torn— es una verdadera danza de espadas: con sus caracoles, puentes, sin que por cierto falten degollada, resurrección y elevación del cap de dansa. Al término de la ejecución, resuena nuevamente el toc de processó para ordenar el regreso del cortejo a la iglesia. Depositada ya la estatua del Santo en su sitio habitual, el cortejo, al son de la Pujà i baixà de la vila, inicia el regreso a la Plaza Mayor donde termina la procesión. Entonces la gente intercambia palabras de circunstancia particularmente con los danzantes y músicos. ¿Nos vemos el año que viene? Las mujeres comienzan a regresar a sus casas. Los hombres prefieren ir al único bar del pueblo. En la Plaza donde sólo quedan algunos niños jugando, flota un tenue olor a cirios, mientras en los cerros vecinos sigue resonando aún el eco confuso de dulzaina, tamboril, campanas y voces... Seguirán resonando allí durante todo un año, como si el tiempo se hubiera detenido. También la vida en el pueblo se detendrá un año más en el triste silencio de la rutina cotidiana...¡Bienvenidos a la cotidianidad! —a la espera de que las voces de los todolellanos, y el sonido de campanas, tabalet y dolçaina se animen nuevamente el año próximo, con inexorable regularidad, para homenajear al Santo en las fiestas patronales. El ciclo se ha cerrado en un círculo perfecto. Fue hace un momento. La memoria de las Fiestas patronales pasadas —de todas las fiestas patronales pasadas— se confunde con los sonidos de las Fiestas de este año, cuya procesión ritual acaba de comenzar...

Marcada por un contrapunto de olvidos y rememoraciones, ausencias y presencias, la Danza ha ido articulando la vida de los todolellanos hasta convertirse en símbolo de su identidad. Este proceso se ha llevado a cabo en las circunstancias adversas y contradictorias que los campesinos del Maestrazgo han padecido durante buena parte del siglo XX. Por un lado, la pobreza y el hambre, producidos por las inclemencias de la Guerra Civil, obligaron a los campesinos a dedicar su tiempo a las tareas básicas de la subsistencia, en sus propios pueblos, o desde la emigración.

Por otro, el desarrollo del turismo, a partir de la década de los sesenta, ha iniciado un proceso de secularización de las danzas procesionales. La mayor parte de los danzantes ha emigrado a Castellón. Hoy regresan a Todolella para pasar sus vacaciones y, sobre todo, para ejecutar la Danza en las fiestas patronales —una ocasión religiosa convertida ahora en atracción turística desplegada ante ojos extraños. Sus demás actuaciones son espectáculos desvinculados del pueblo y de su ocasión originariamente ritual. No obstante, la modernización —que ha ido cambiando la forma de vida de todos los pueblos del Maestrazgo desde la segunda mitad del siglo XX—, lejos de condenar la Danza a una amnesia progresiva, ha contribuido a consolidar su tradición. ¡Un pasado de olvidos ha sido prólogo de un presente memorioso! La idea de redactar este libro surgió hace casi dos décadas en la xarrada sobre la Danza que se llevó a cabo el 18 de agosto de 1992 en la Casa del Jubilado de La Todolella con motivo del 750 Aniversario de la Donación de la Carta Pobla. En dicha reunión se proyectaron antiguas fotos de la Danza con la intención de que los asistentes —todolellanos y turistas vinculados con ellos por lazos familiares— rememoraran tiempos pasados e identificaran a los danzantes de entonces. El resultado de las identificaciones y partes de aquel diálogo han sido incorporados a este trabajo.

Las páginas que siguen se ocupan de la Danza todolellana desde su trayectoria histórica tanto escrita como oral, y de sus relaciones con danzas del mismo tipo, especialmente con las danzas de espada, en otros lugares de España y de Europa. En otras palabras: hablamos de la Danza vista de cerca para comprender mejor la larga tradición coreográfica que le subyace, vista de lejos por los historiadores, y viceversa. Su propósito general es rescatar del olvido aspectos de la experiencia presente del pasado de una danza tenaz que ha atravesado seis siglos de historia. A ello se añade una interpretación teórica de los testimonios orales y documentos históricos que servirá de conclusión al estudio. No obstante, el núcleo del trabajo está constituido por las voces de quienes en calidad de danzantes, músicos o vecinos y amigos han protagonizado, promovido y sostenido la Danza. En lugar de hablar por ellos, parece más justo invitarlos a que hablen ellos mismos. Los todolellanos no son ‘afónicos’. Tienen voz propia y no necesitan ser representados. Debemos añadir que, a medida que el interés de los protagonistas aumentaba, la concepción fue cambiando. Desde la idea de una ‘etnografía’ tradicional ha ido derivando a una especie de ornitorrinco de difícil clasificación: a las entrevistas transcritas se sumaron crónica, historia oral, historia escrita, reflexión teórica y, por cierto, una galería de fotos que pudo haber proliferado sin control, si la razón presupuestaria no hubiera intervenido.  Los todolellanos son, por lo tanto, los verdaderos autores de estas páginas cuyo primer objetivo es documentar la trayectoria histórica de la Danza a partir de las propias voces de sus protagonistas. No es, pues, un libro concebido en primer lugar para satisfacer propósitos académicos. Su finalidad principal es que los vecinos de Todolella se reconozcan en la Danza desde sus palabras como actores de la tradición. Más que un texto sobre la Danza de Todolella, es la autorepresentación del pueblo en una de sus actividades socio-culturalmente más significantes. Idealmente, su lectura quisiera hacer vibrar aún las voces fugitivas de quienes han contado, rememorándola, su experiencia de la Danza. Leer los testimonios escuchando el eco de las voces de quienes los han dicho es, ante todo, un placer local y quizás una emoción reservados a los todolellanos, y a sus familiares y amigos en la diáspora.

No obstante, la narración de experiencias y recuerdos, además de iluminar vidas que otramente hubieran permanecido en las sombras del anonimato, y vicisitudes de la Danza condenadas a la fragilidad de la memoria, posee un interés histórico que sólo puede satisfacerse con el pasaje de la historia oral a la historia escrita. La historia escrita de la Danza es más larga que su memoria oral. Implica una investigación histórica y problemas teóricos que, si bien pueden no ser de interés inmediato para quien tiene que levantarse cada día al alba para realizar sus tareas agrícolas, esclarecen dimensiones insospechadas de la Danza tales como sus relaciones con la tradición más vasta de las danzas particulares que la componen: las de castañuelas, de escudos, de palos y de espadas; con ritos y creencias primitivas; con la dialéctica entre recuerdo y olvido, tradición y modernidad; en fin, con la ejecución ritual y representación de la identidad cultural del pueblo.

Salvo omisión involuntaria, la transcripción de cada una de las entrevistas ha sido aprobada por los entrevistados. Del mismo modo la primera versión de algunos capítulos fue dejada alguna vez en el bar del pueblo para su revisión por los vecinos interesados en el proyecto. Uno de ellos fue D. Miguel Beltrán Torreta (¿se acuerda Usted, Don Miguel?). Al verme llegar un día al pueblo me dijo: “Ramón, si Usted publica lo que escribe allí, ¡pensarán que somos unos salvajes!...” A buen entendedor, pocas palabras, como espero que este libro pueda mostrar.

Aparte de apelar a la tradición oral para desocultar el devenir de la Danza en los últimos cien años, este libro intenta dar una síntesis divulgadora de lo que los documentos escritos nos han dejado sobre la danza de espadas y de palos en la Península Ibérica y en otros países. En particular, he tratado de identificar los rasgos generales que le dan aire de familia con danzas de espadas en otros sitios de la Península y de Europa. Cada vez que los danzantes ejecutan la Danza se hermanan inconscientemente con otros pueblos que también desde tiempos remotos han practicado este tipo de danzas.

El libro tiene principio, medio y fin, aunque no siempre en el mismo orden. Su concepción responde a un modo de escritura en el que las voces habladas de los testigos se imbrican, sin perder su identidad, en un texto que, por efecto de la transcripción en palabra escrita, transforma su transitoriedad original en permanencia y su singularidad en ocasión para que el lector pueda elegir el fragmento que quiera leer, según su interés particular. Aunque la mezcla de voces y registros pueda parecer algo caótica —¡como en un restaurante de pueblo después del segundo vaso de vino!—, el libro suelta las palabras que ellas ya se buscarán las ramas. El lector es, pues, libre de elegir el itinerario de su lectura, sin peligro de que este desfase con la linealidad del texto le produzca daños psíquicos…

Este trabajo es, ante todo, una invitación a la memoria de la Danza, —una memoria que los todolellanos han sabido rescatar obstinadamente del olvido—. Espera de la memoria, el olvido, que es su sombra, es también, como el silencio, espera y sombra del sonido y del sentido. Toda vez que la Danza había sido olvidada, su olvido ha sido memoria latente, potencialidad de actualización de la memoria en la sonoridad viva de las palabras.

La Danza todolellana es metáfora del sueño de ser únicos proyectado en la simultaneidad de las generaciones que conviven gracias a la memoria oral. A través de sus antiguos danzantes, los todolellanos pueden estar unidos, en el recuerdo, con las generaciones que les han precedido. Si han persistido en preservar su Danza del olvido es porque han querido rescatarse a sí mismos del olvido. Así esculpieron un emblema de su identidad en las figuras de una Danza cuyos rastros se pierden en las brumas del mito y cuya luz espeja la esperanza de una imposible permanencia, en la que sólo una cosa no habrá: el olvido.

Este libro es, de alguna manera, una modesta contribución a la futura memoria de la Danza…            

Lu Ma Mi Ju Vi Dm
 
 
 
 
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